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Cómo afrontar los efectos psicológicos del confinamiento por COVID19

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La “nueva normalidad” está aflorando en muchas personas algunos efectos psicológicos derivados del confinamiento vivido a causa de la pandemia por Covid-19. En términos psicológicos se habla de miedo al contagio aunque, en muchas ocasiones, lo que se tiene es miedo a un nuevo confinamiento y sus posibles consecuencias en el plano económico, social, emocional, etc.

La Psicóloga de Hospital Clínica Benidorm, Jessica Castejón, ha explicado que “una situación como la que estamos viviendo nos ha llevado a romper nuestras rutinas de forma abrupta y esto puede generar un sinfín de emociones negativas como ansiedad, frustración, problemas para socializar, etc. Para afrontarlo, debemos tratar de convertir nuestros temores en un miedo productivo que nos ayude a normalizar la situación con prudencia y respeto hacia los que la afrontan de forma diferente. Hay que buscar la forma de recuperar rutinas y aprender a vivir con el Covid-19”.

En este sentido, el confinamiento y la desescalada posterior están generando algunos efectos psicológicos en gran parte de la población. Por ejemplo:

  • Problemas de sueño. A falta de rutinas y ejercicio, y con nuevas preocupaciones e incertidumbres, nos cuesta más dormir.
  • Aumento de adicciones y hábitos tóxicos. La falta de rutinas también ha afectado al ámbito de los buenos hábitos y aún más ha contribuido la necesidad de “disociarse” o evadirse de todo lo vivido.
  • Problemas para socializar en la “nueva normalidad” por las normas vigentes y, en algunos casos, por miedo a relacionarse con determinados colectivos, tanto por su profesión como por su nivel de riesgo.
  • Problemas de duelo. Más de uno ha perdido a un ser querido durante esta etapa y la imposibilidad de despedirse y hacer los rituales funerarios como de costumbre ha dificultado procesar esta pérdida.
  • Problemas de ansiedad, preocupación recurrente por el futuro, miedo a los rebrotes que se ven en las noticias y miedo a retroceder de fase y perder las libertades que hemos recuperado.

– La frustración provocada por el tiempo y las oportunidades perdidas con el confinamiento. Todas las cosas que teníamos planificadas y que no pudieron ser; eventos o momentos que nos ayudan a marcar el paso del año y que se han visto totalmente afectados.

– La incertidumbre por el miedo a que no haya una recuperación económica y el no saber si se paralizará todo de nuevo.

– Los cambios abruptos de rutina, de modalidad de trabajo, no saber qué hacer con los niños y problemas de conciliación laboral.

– En muchos casos, tristeza y preocupación al estar separados de familiares, incluso al tener a los padres y familiares de riesgo lejos, sin poder ayudarles.

Todas esas emociones se dan en forma de “rumiaciones” en nuestra mente que, una vez y otra, se acumulan y pueden desembocar en ansiedad y estrés.

Todos estos efectos pueden darse en mayor o menor escala, pero en cualquier caso la solución pasa por tratar de normalizar la situación para volver a las rutinas y hábitos que nos funcionaban antes del Covid-19.

Para ello, será necesario aprender a convivir con el virus y gestionar los miedos para alcanzar el “miedo productivo”, que no es más que el temor utilizado de una manera adaptativa que nos ayude a ser prudentes y adaptarnos a esta “nueva normalidad”.

Una de las claves para ayudarnos a sobrellevar la incertidumbre provocada por tantos cambios abruptos, y por la situación en general, según la Psicóloga de Hospital Clínica Benidorm, Jessica Castejón, es “enfocarse en que esta situación también pasará; es algo transitorio, un ciclo más”. Y, ante todo, “darte la oportunidad de volver a empezar, reformular objetivos y añadir nuevos hábitos. Ahora que todo va comenzando de nuevo, ¡aprovéchalo!”, ha añadido Jessica Castejón.

Además, esta situación debe ayudarnos a ser más tolerantes y respetar todas las posturas que veremos en la sociedad: desde las posturas más temerarias y de personas que no llevan bien las restricciones de libertad, hasta las personas híper prudentes.

Cada persona gestiona de forma diferente sus sentimientos, y esta crisis en concreto, así que si el nivel de las emociones negativas y sensaciones desagradables ocasionadas por el miedo al contagio o por el miedo a volver a estar confinados es muy alto, es preferible buscar ayuda profesional.

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