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Cómo afecta la hipertensión a nuestros riñones

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Aunque no todas las personas conocen la estrecha relación entre Hipertensión arterial (HTA) -tensión arterial alta- y los riñones, es necesario recordar que la hipertensión es la segunda causa de insuficiencia renal. Para ello, el Dr. Jaime Sanz, del Servicio de Nefrología y Hemodiálisis de Hospital Clínica Benidorm, ha puesto de manifiesto la relación entre presión arterial y riñones, explicando cómo la hipertensión puede causar enfermedad renal crónica.

La hipertensión arterial es un rango de tensión arterial -escogido de forma arbitraria por parte de un comité de expertos, entre ellos, la Organización Mundial de la Salud- que establece en adultos cifras de tensión mayor a 140 de sistólica, “la alta”, y 90 de diastólica, “la baja”; cifras en las que se produce un aumento del riesgo de padecer un evento cardiovascular.

Cuando hablamos de evento cardiovascular, debemos incluir el riesgo de daño renal porque los riñones reciben el 20% de sangre que el corazón impulsa en cada latido.

“Según la presión con la que les llega la sangre, los riñones se comportan de una forma u otra para lograr controlar la tensión de todo el organismo. Si llegan presiones sanguíneas muy altas, los riñones se empiezan a resentir y, poco a poco, se van haciendo más rígidos para resistir esa tensión elevada. Esto puede llevar a una pérdida de su función y, en casos puntuales, si la progresión continúa, puede llegar a ser necesario un tratamiento renal sustitutivo como la diálisis o el trasplante renal”, ha destacado el Dr. Jaime Sanz.

Cómo detectar enfermedad renal en casos de hipertensión

La detección de la enfermedad renal relacionada con la hipertensión se describe en pacientes hipertensos a través de la detección de una serie de sustancias en sangre y/o proteínas en la orina. En concreto, la enfermedad renal en estos casos se puede diagnosticar detectando la disminución del filtrado glomerular o la presencia de la albúmina en orina:

  • La disminución del filtrado glomerular se diagnostica mediante la detección en sangre de una sustancia que genera el propio organismo: la creatinina. Esta sustancia sólo se elimina a través del riñón, por lo que si aumenta, quiere decir que los riñones no deben estar trabajando bien.
  • La disminución del filtrado glomerular suele acompañarse de la pérdida de proteínas en orina, en concreto la albúmina -siendo en ocasiones el primer defecto que se detecta-.

Una vez se detecta enfermedad renal ligada a hipertensión se deben llevar a cabo unas medidas terapéuticas para estudio y control de la posible progresión de la enfermedad renal, teniendo en cuenta todos los factores que pueden perjudicar al normal funcionamiento de los riñones.

Prevención enfermedad renal por hipertensión

La forma de prevenir que la tensión llegue a causar enfermedad renal y lo que es más importante, enlentecer su progresión, es llevando un estilo de vida saludable:

  • Actividad física modera 20-30 minutos todos los días.
  • Seguir una dieta mediterránea.
  • No consumir productos precocinados.
  • Evitar hábitos tóxicos como fumar o el consumo de alcohol.
  • Y, en el caso de la tensión, el cambio de hábito más importante es reducir el consumo de sal.

Gracias al control de la excreción de sodio en la orina de 24 horas es posible conocer cuál es el consumo real de sal de una persona. Obteniendo estos datos tan precisos, los nefrólogos pueden hacer mejores recomendaciones para la reducción del consumo de sal.

  • Y, otra medida fundamental para un buen control de la tensión arterial, es el uso de fármacos antihipertensivos.

“Su uso está muy extendido en la sociedad actual y los diferentes grupos existentes ayudan a realizar la combinación más ideal para cada paciente; en estudios muy relevantes se observa una disminución de los eventos cardiovasculares y un enlentecimiento del daño renal de forma demostrada, aunque esto no nos debe llevar a olvidar que la prevención es una parte muy importante del tratamiento”, ha explicado el Dr. Sanz.

Por todo esto es tan importante realizarse en los controles anuales o semestrales rutinarios un análisis de sangre y sedimento urinario y, en caso de pacientes hipertensos con enfermedad renal crónica (ERC), llevar un control exhaustivo de la presión arterial (PA) para minimizar la progresión. 

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