Durante el embarazo, el cuerpo se adapta a un cambio enorme: en solo unos meses, aumenta el peso, cambia el centro de gravedad y se modifican la postura y la forma de moverse. En ese contexto, el suelo pélvico —la estructura muscular que sostiene órganos como la vejiga, el útero y el recto— se convierte en una de las zonas que más esfuerzo realiza.
Y es lógico: durante aproximadamente 9 meses, el suelo pélvico está “aguantando muchísimo peso”, y después llega el momento más exigente: el parto, que supone un esfuerzo intenso y, en muchos casos, un evento traumático para los tejidos. Esa combinación de sobrecarga sostenida + esfuerzo del parto explica por qué tantas mujeres notan cambios en esta zona tras el embarazo.
¿Qué ocurre en el suelo pélvico durante el embarazo?
A medida que el bebé crece, aumenta la presión hacia abajo, lo que implica que el suelo pélvico trabaja “en carga” continuamente. Esto puede generar:
- Sobrecarga muscular (fatiga y dificultad para sostener la presión).
- Cambios en el control y la coordinación de la musculatura.
- Sensación de pesadez pélvica, pérdidas de orina o molestias (en algunas mujeres).
Además, el parto añade un componente extra: el esfuerzo de empujar y el paso del bebé por el canal del parto puede afectar a músculos y tejidos de soporte, haciendo que el suelo pélvico “sufra” incluso aunque todo haya ido bien.
El suelo pélvico también se entrena (y también se relaja)
Una idea clave es entender que el suelo pélvico es un componente más del cuerpo. Igual que entrenamos glúteos, abdomen o espalda, aquí ocurre algo similar:
- Si hay debilidad, se puede fortalecer.
- Si hay exceso de tono (mucha tensión), se puede relajar.
- Se puede aprender a usarlo de forma correcta, mejorando control y coordinación.
Esto es muy importante porque no todo se soluciona “apretando”. En algunas mujeres, el problema no es falta de fuerza, sino hipertonía (músculo demasiado tenso) o falta de coordinación con el resto del cuerpo.
El objetivo: equilibrio con el resto del cuerpo
El suelo pélvico no trabaja solo. Se relaciona con el abdomen, la respiración, la postura, la cadera y la zona lumbar. Por eso, muchas estrategias efectivas buscan equilibrar el suelo pélvico con las articulaciones y estructuras cercanas, igual que haríamos con cualquier otra zona del cuerpo.
Dicho de forma sencilla: no se trata solo de “tener fuerza”, sino de tener un suelo pélvico que responda bien cuando toses, cargas peso, saltas, corres o simplemente pasas el día de pie.
¿Cómo puedes cuidarlo en el embarazo y el posparto?
Sin entrar en pautas genéricas que no se adapten a cada caso, estas ideas suelen ser útiles:
- Evitar normalizar síntomas: si hay pérdidas, pesadez o dolor, es una señal para valorar.
- Trabajar la conciencia corporal y el uso correcto (no todo es contraer).
- En el posparto, priorizar una recuperación progresiva: volver al impacto o a la carga intensa demasiado pronto puede mantener la sobrecarga.
Lo más eficaz suele ser un abordaje individualizado, porque cada embarazo, cada tipo de parto y cada cuerpo son diferentes.
Conclusión
El embarazo y el parto pueden suponer una gran exigencia para el suelo pélvico, tanto por la carga mantenida durante meses como por el esfuerzo del alumbramiento. La buena noticia es que, igual que cualquier músculo del cuerpo, el suelo pélvico se puede reeducar: fortalecer cuando lo necesita, relajar si está tenso y, sobre todo, recuperar el equilibrio con el resto del cuerpo.






