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Cambio de estación y vuelta a la rutina: ¿por qué nos encontramos peor en septiembre?

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Septiembre trae consigo muchos cambios. Cambian nuestros horarios, recuperamos las obligaciones del trabajo y el colegio, modificamos nuestros hábitos de sueño y alimentación y, poco a poco, dejamos atrás el ritmo más relajado del verano. También cambian las temperaturas y las horas de luz.

Nuestro cuerpo necesita un tiempo para adaptarse a todos estos cambios y es habitual que, durante los primeros días, podamos sentirnos algo diferentes. Más cansados. Con menos energía. Con sueño durante el día o dificultad para dormir por la noche. Incluso con algún dolor de cabeza, cambios en el apetito o una mayor sensación de estrés.

En la mayoría de los casos, estas molestias son pasajeras y mejoran cuando recuperamos nuestros horarios y rutinas habituales.

Pero no todo lo que nos ocurre en septiembre es consecuencia de la vuelta a la rutina.

La clave está en observar cómo evolucionan los síntomas y aprender a distinguir cuándo podemos esperar, cuándo conviene pedir una cita médica y cuándo necesitamos atención urgente.

Cuando nuestro cuerpo necesita tiempo para adaptarse

Después de las vacaciones, recuperar de golpe los horarios habituales puede resultar exigente. Dormir menos horas, madrugar de nuevo, aumentar el ritmo de actividad o volver a una agenda más intensa puede traducirse en unos días de cansancio o falta de energía.

También podemos notar:

  • Dificultad para conciliar el sueño o cambios en nuestros horarios de descanso.
  • Somnolencia durante el día.
  • Menor concentración.
  • Dolor de cabeza ocasional.
  • Cambios en el apetito.
  • Sensación de estrés o irritabilidad.
  • Cansancio general.

Si son molestias leves y mejoran progresivamente al recuperar nuestros hábitos, normalmente podemos dar tiempo al organismo para adaptarse.

Dormir suficientemente, mantener horarios regulares, cuidar la alimentación, hidratarse y retomar progresivamente la actividad física pueden ayudarnos en esta transición.

Cuando conviene pedir cita con el médico

Hay síntomas que no tienen por qué ser una urgencia, pero que tampoco deberíamos atribuir indefinidamente al cambio de estación.

Si una molestia persiste, se repite o empieza a interferir con nuestra vida diaria, una valoración médica puede ayudarnos a conocer su causa y decidir si es necesario realizar alguna prueba, iniciar un tratamiento o simplemente hacer seguimiento.

Algunos ejemplos son:

  • Cansancio que se mantiene durante semanas o que resulta desproporcionado respecto a nuestra actividad habitual.
  • Dolores de cabeza frecuentes, especialmente si son nuevos o diferentes a los habituales.
  • Mareos que se repiten o afectan a nuestras actividades cotidianas.
  • Problemas de sueño persistentes pese a haber recuperado una rutina regular.
  • Cambios importantes de peso o apetito sin una explicación clara.
  • Molestias digestivas recurrentes o cambios que se mantienen en el tiempo.
  • Palpitaciones que aparecen repetidamente.
  • Falta de aire con esfuerzos habituales que antes tolerábamos bien.
  • Dolores musculares o articulares persistentes que no mejoran.
  • O, sencillamente, una sensación mantenida de que “algo no va bien”.

No significa que estos síntomas sean necesariamente indicativos de una enfermedad. Significa que cuando algo persiste o cambia respecto a nuestro estado habitual, merece la pena consultarlo en lugar de acostumbrarnos a convivir con ello.

Los centros médicos HCB pueden ser una opción cercana para recibir una valoración médica ante problemas de salud que necesitan atención pero no constituyen una emergencia.

Y hay situaciones que no deberían esperar

Hay síntomas que requieren una valoración inmediata y ante los que no debemos esperar a conseguir una cita.

Por ejemplo:

  • Dificultad importante para respirar.
  • Dolor intenso o presión en el pecho.
  • Pérdida de conocimiento.
  • Confusión repentina.
  • Aparición brusca de dificultad para hablar, pérdida de fuerza o alteraciones del movimiento.
  • Empeoramiento rápido o importante del estado general.

Ante este tipo de situaciones, es necesario buscar atención urgente.

¿Me espero, pido cita o voy a Urgencias?

No siempre es fácil saber dónde acudir cuando nos encontramos mal.

Y precisamente por eso, el cambio de estación puede ser un buen momento para aprender a escuchar nuestro cuerpo y diferenciar entre una molestia pasajera, un síntoma que conviene consultar y una situación que requiere atención inmediata.

Observar cómo evolucionan los síntomas también es cuidar nuestra salud. Pedir cita cuando algo persiste, también. Y reconocer una señal de alarma puede ser fundamental.

Durante las próximas semanas, desde HCB Hospitales hablaremos de algunas de las situaciones de salud más habituales durante el otoño para ayudarte a saber cuándo puedes esperar, cuándo conviene consultar y cuándo es importante acudir a Urgencias.

Porque recibir la atención adecuada también empieza por saber dónde acudir.

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